viernes, 15 de julio de 2016

Mbembe msoan -bienvenido a mi casa-


Piensa por un momento en tus rutinas, me refiero a todo eso que es cotidiano y que no somos capaces de percibir porque forma parte de nuestro paisaje diario. Por ejemplo, el pan. Te apetece hacerte un bocata y sólo tienes que acercarte a la panadería que te pille más cerca y, probablemente, lo encontrarás hasta recién hecho y calentito. La prensa; si sigues siendo de los antiguos que, como yo, prefiere leer el periódico en papel que en digital o alguna revista para pasar el rato pues lo mismo, te acercas a un kiosco y más o menos encuentras lo que estabas buscando. Pero voy más allá; una papelera en la calle, un bar donde tomarte un café o una cañita bien fresquita; una tienda donde comprarte la ropa interior o una heladería o un kiosco de chuches. Igual no te habías dado cuenta de que todo eso lo tienes al ladito mismo de casa o del trabajo. Aquí nada de eso existe. NADA. No hay prensa escrita, no hay heladerías, no hay café en ningún lado (sólo puedes optar con suerte a comprar en algún mercado una lata de café soluble y mezclarlo con agua caliente), las cañas no existen (está claro que algo malo tenía que tener mi paraíso) y el pan lo compras un día en cantidades ingentes y lo reservas para los días de la semana que te dé (imagina lo correoso que está al tercer día… no, no lo imaginas!) 
Imagina ahora que perteneces al club de los  maniáticos del orden y la limpieza (sí, yo soy la presidenta de honor de ese club, lo sé) y que te agachas a recoger una pelusa que osa aparecer correteando por tu salón o que con un cachito de papel higiénico quitas las gotitas que algún desaprensivo dejó secas sobre el espejo del baño. Bien, sigamos…
Piensa en qué haces cuando de repente encuentras en algún rincón de casa una cucaracha o un mosquito o un bicho cualquiera? Llamar a los cazafantasmas es lo más light que se te ocurre seguro y corres a por el flis o a por la chola más grande que encuentres para quitarlo de en medio . 
Cuando los que hacemos estas cosas extrañas de pasar temporadas en este lado del mundo, o en algún otro que se le parezca, siempre decimos que una de las cosas que aprendes primero es a valorar lo que tienes en el día a día es absolutamente cierto; pero quizás el paso siguiente lo das  cuando te das cuenta de que eres perfectamente capaz de vivir el día a día sin echar de menos, siquiera, la mayoría de esas cosas. 
La otra noche hablaba con mis chicos sobre eso; ellos que son la generación del móvil pegado a la palma de la mano 24 horas al día, después de un par de días aquí ni lo extrañan. Quizás echamos un poco de menos una ducha calentita y copiosa pero tampoco pasa nada porque nos duchemos a cubitos (sí, este año de nuevo volvemos a ducharnos con el cacito pequeño de la mantequilla) Pero es que cuando estás aquí las prioridades son otras y entonces te preocupas porque no se te rompa la mosquitera que cubre tu cama por la noche para no tener visitas “desagradables” y no dejas ni una raspa en el plato de la comida porque sabes que sólo harás tres comidas en ese día. Valoras los libros que cargaste en la maleta porque sabes que serán lo único que llene esos espacios que te quedan vacíos después de comer o antes de cenar y aprecias de una manera incalculable los ratos de charla cada noche o en la pausa del trabajo de la mañana con todos los que convives porque sabes que aquí son tu colchón, tu apoyo, tu familia… 
La cama donde duermes es dura como la de un fakir y hace tanto ruido al moverte mientras encuentras la posición para dormir que temes despertar al de la habitación de al lado; el colchón es una lámina de gomaespuma amarilla de 15 centímetros de espesor pero te deja descansar por la noche del día plomizo y húmedo así que no lo cambiaría por ningún flexviscoelastic del mundo… Qué mentirosa soy! claro que lo cambiaría! pero no me supone ningún trauma dormir con el que tengo aquí. 
El otro día estuve en el Hospital público de la ciudad. Me hice daño la semana pasada en la rodilla y ya el dolor era bastante inaguantable. Me hicieron una radiografía con un aparato de rayos modernísimo… y luego la imprimieron en un folio. Bueno, lo importante es que alcanzamos a ver que no había fractura, lo demás con analgésico y reposo está resuelto. La sala de Rayos tenía el suelo lleno de barro, la camilla en la que la doctora me retorció la pierna era de eskay y estaba llena de agujeros, al salir el guardia de seguridad me hizo un interrogatorio digno del CSI Las Vegas y tuve que pagar 8000 CFAS (unos 14 euros) por la consulta y la radiografía -y eso que es un hospital público- A mí los 14 euros, graisadios, no me suponen nada, pero es que en este país un médico cobra al mes unos 200.000 CFAS; eso son unos 350 €… un poco desorbitado el nivel de gasto contra lo que se cobra, no? y te he puesto el ejemplo del salario de un médico porque, junto al ejército, son los que tienen el salario más alto por aquí.  

Mientras esperaba a que me atendiesen llegó una familia entera bastante alterada con un niño de unos 10 años al que cargaban en brazos y lloraba el pobre con toda el alma. La doctora salió corriendo a atenderlo en la habitación contigua y mientras lo hacían la familia esperaba fuera en el pasillo; miré a Corinne que me había acompañado y le comenté “ay pobres, qué les habrá pasado…” y me contesta “no sé, voy a preguntar!” Me quedé loca porque no se me hubiese ocurrido ir en la vida, nosotros en nuestro día a día somos más de hablar entre nosotros, suponer e incluso algunos inventar la historia que está ocurriendo a escasos metros, no? Nos gusta más el “cotilleo” del qué habrá pasado que ir a la fuente directamente y averiguarlo, quizás porque pueda parecer “de mala educación” Ayyyyy diosmiooooo nos parece de mala educación ir a preguntar pero no nos lo parece inventar y trastear por lo bajini…. Nuestra doble moral a veces me revienta las tripas (y cuando lo pienso desde aquí, fuera del ambiente “chismoso”, más fuerte me las revienta) Total, que Coco fue a preguntarle a la señora y la pobre le contó que una moto les había tirado al suelo; ellos iban también en mototaxi, iban 5!!! Pasó otra a gran velocidad, los desparramó a todos por el suelo y el niño mayor salió peor parado, una falange perdida y un corte enorme en una pierna. 
En fin… todo esto sólo me deja ver una vez más que quizás nos compliquemos demasiado por cosas que no lo merecen; que quizás si fuésemos un poco más básicos para algunas cosas y los de este lado fuesen un poco menos básicos para otras encontraríamos la armonía perfecta. Y aunque sepa que esa nunca la voy a encontrar porque entonces la vida ya no tendría emoción alguna me gusta pensar que voy por el camino, que además tengo el enorme privilegio de poder vivir desde aquí algunas veces y encaminar las cosas que hago allí. En el día día a uno no le da tiempo a parar y valorar la rutina por eso para mí todo esto es tan impagable. 
Yo, que soy “la Heidi”, que llevo todo el día un montón de perendengues encima, que no camino en plano ni muellllta, que jamás salgo de casa sin la raya del ojo  y los morros pintarrajeados, yo… aquí ni me acuerdo de esas cosas; pero no porque aquí esté haciendo ningún papel, sino porque es, cómo decirte, aquí es el “valor absoluto”, lo que eres y punto. Y si algún día echo de menos mi feminidad y mi coquetería voy y después de ducharme con mi cacito de mantequilla y mi cubo y embadurnarme de repelente para mosquitos, me zumbo un collar y me pinto las bembas y ya está! Así de mona, con mis cholas de la playa y mis mallas del Decatlón, con mis pelos encrespados por la humedad como si no hubiera un mañana. Así mismo! 
Se me agolpan tantas cosas que me gustaría contarte que estoy olvidando el orden y la prosa en todo lo que escribo; pero es que hoy me levanté con ganas de contarte, de llevarte hasta allí un poquito de lo que es aquí. Cuando llegué no tenía almohada y el cuello casi no se me parte en dos así que al día siguiente me fui al mercado… Dios! cómo me gustan los mercados africanos! No te imagines un mercadillo hippie como los de la alameda en Navidad ni como los de la playa de la Victoria en mi Cádiz querido. No. Los chicos querían comprar pulseras de recuerdo o collares. No. Aquí no. En Senegal sí que visité varios mercados de artesanía o de arte. Aquí nanai de la peluca! Olvídate! Aquí los mercados huelen a rancio. Pero no te hace asco. En absoluto. Huelen a una mezcla entre humedad y algo que ya está podrido, pero no quiere decir que lo vayas a comprar tenga que estarlo, es sólo que las papeleras y la salubridad en general brillan por su ausencia, así es que los restos orgánicos (no preguntes! restos orgánicos en general y punto!) se van acumulando en los alrededores, bajo las bancadas de madera que exhiben los productos y en cualquier rincón alrededor tuyo, así es que sí; huele a rancio. De repente encuentras puestos de verduras, sobre todo tomates, pimientos y papas; puestos de telas de colorines a cual más preciosa; puestos de medicamentos (vete a saber la fecha de caducidad…); y lo mejor lo dejo para el final (glups!) puestos de pescado o de carne - no hay cámaras frigorificas- así que llegados  ese punto estás en el reino de los aromas! Nunca olvidaré uno de los paseos por la zona de la carne hace un par de años cuando, de repente, miro a la derecha y sobre un tablón de madera a modo de mesa exponían la cabeza de una vaca desollada, con una lengua enorme cayendo por un lado y los dos globos oculares perfectamente colocados en sus huequecitos… ufffff inolvidable recuerdo! Creo recordar que desde entonces tampoco como ternera. Por fuera del mercado está el puesto de colchones. Es una casetita en alto donde se exponen tongas de colchones de todo tipo, desde las planchas de goma espuma que son las más económicas (unos 10 euros) y son las que tenemos aquí en casa, hasta los colchones de muelles forrados de unas telas preciosas y súper coloridas que te daría pena hasta ponerles sábanas encima (esos pueden llegar a los 100 y pico euros, una barbaridad por este lado!) Además los apilan de tal manera que ya me va sonando dónde se inspiraron para el cuento de la princesa y el guisante! 
De lo alto del techo cuelgan bolsas de plástico negras ya de la mezcla de tierra y porquería de motos y coches y dentro las almohadas. Más o menos como los colchones; desde 2 ó 3 euros hasta 50. Yo elegí una bastante modesta, 4 euros creo que me costó, eso sí con un forro gris con nombres de ciudades europeas y americanas… preciosa! y sobre todo más cómoda que dormir con el cuello al aire! 
Otro dia, si quieres, te sigo contando más cositas cotidianas. hoy estamos en el ecuador de nuestra estancia aquí. El tiempo vuela muy muy rápido! La semana que viene tenemos dos proyectos por hacer que son… mmmmmm para chuparse los dedos! De esos que dices “ñossss! qué suerte tengo de estar viviendo esto!” Ya te contaré cuando llegue el momento. Ahora me voy a preparar un té y a echar unas palabritas con Corinne y Christine en la cocina mientras pelamos unas zanahorias, los niños se fueron con Maxi y con Yanicke a dar un paseo por un puente precioso que hay cerca de casa; mi dichosa rodilla me está obligando a hacer más reposo del que querría pero hoy he prometido ser buena y no moverme mucho para que mañana me dejen ir a la reserva de gorilas con ellos. 

Está empezando a levantarse algo de fresquito y no sabes cuánto se agradece, aquí al lado se reúne un par de veces a la semana una coral que lleva una hora entonando cánticos en lenguas que no conozco pero que me llevan a un estado de paz y de confort que no sabría describirte bien; sólo se oye de vez en cuando, cuando paran entre canción y canción, el arrastrar de algunas cholillas dentro de la casa de algún rezagado que entra o sale en busca de vete tú a saber qué. Las plantas del jardín y los árboles gigantes que hay en frente se ven preciosos con la luz de esta hora del día aunque el cielo esté lleno de nubes grises que sólo amenazan pero que no sueltan ni una gota. Un par de gallos destartalados se animan a cantar siguiendo al coro y un grupo de chicos debe estar jugando algún partido de fútbol en el terreno que hay cerca de aquí porque acaban de gritar gol como se estila por aquí… como si ese gol abriera las puertas de algún paraíso para el que lo marcó. Me gusta la mezcla del sosiego y la intensidad de África. Soy feliz. Muy feliz… 





sábado, 9 de julio de 2016

M´bolani!!!!

M'bolani!!!

Significa "hola" en una de las cincuenta y pico lenguas que se hablan en este país y me pareció una forma preciosa de darte la bienvenida a mi rinconcito. Me suena a alegría a "ganas de verte" a "qué bueno que pasaste por aquí!" Así que, antes de que empieces a empaparte de mi tostón de hoy... M'BOLANI!!!!!

Este es el tercer año que vengo a este mismo lugar. Misma casa, misma familia, mismo entorno… casi nada ha cambiado. Me planteaba que no habría nada nuevo que contar y me dio rabia. Por un lado porque ya sabes cuánto me gusta contar cosas pero sobre todo porque por un momento pensé que quizás ya no tendría nada nuevo que aprender y eso, lo reconozco, me aterrorizó. Tonterías. 
A medida que han ido pasando los días (hace ya una semana que estamos por aquí) me he ido dando cuenta de que siempre siempre aprendes cosas nuevas y, si me apuras, de mayor calado. Creo que eso forma parte de la temida y a la vez ansiada “madurez” Suele pasar con todo pero yo no me había dado cuenta aún… 
Recuerdas cuando te enamoraste? Da igual de quién. La primera vez que le viste te gustó “algo”, no sabes bien qué fue, el aspecto, la mirada, la forma de hablar… No sabrías decir qué fue. Y pasó el tiempo. Seguía siendo la misma persona de siempre y cada vez le conocías más y mejor. Seguramente llegó un momento de vuestra vida en el que creíste conocerle tan bien que pocas cosas podrían sorprenderte ya. Y ahí es donde reside el encanto de estas cosas. Que quizás no necesites conocer nada más nuevo, o que te sorprenda o que te haga chiribitas los ojos. Quizás sólo necesitas estar o saber que está para sentirte feliz. En calma. Bien! ya está! Cambia la cara de bob@ y deja por un momento a esa persona. Vuelve aquí conmigo. Esa es justo la sensación a la que quería referirme al principio. 
Estoy aquí, conozco el sitio, conozco las voces y hasta casi ya la cadencia de las cholas de cada uno cuando las arrastra por el suelo de cemento. Casi puedo decirte la hora aproximada que es sólo por lo densa que se pone la atmósfera en determinados momentos del día o por el número de pájaros que cantan a la vez (nunca menos de diez mil lo menos!) Pero conocer todo eso no hace que me aburra o que sienta que aquí no pinto nada. Conocerlo, precisamente, me envuelve en la calma suficiente para relajarme, sentirme en casa y entonces dedicarme a “maquinar” más profundamente sobre otras cosas a las que no les había dedicado antes el tiempo suficiente. Porque una cosa es cierta, las cosas que piensas aquí sólo las puedes pensar aquí. Me explico. Cuando estoy allá recuerdo y rememoro sensaciones, imágenes, olores, personas, lugares e incluso pensamientos que he tenido aquí pero están a años luz de cómo nacieron en mí por primera vez. Es sólo un regusto. 
Total, que todo esto me lleva a pensar en un montón de cosas diferentes. Qué hago aquí? Para qué estoy aquí? De verdad es un gesto egoísta? Para calmar una necesidad mía? o realmente es un gesto altruista? Para calmar las necesidades de otros? Y en el fondo llego a la conclusión de que es un poco de todo. 
No sé cuántas veces en los últimos años me han dicho eso de “por qué tan lejos con todo lo que hay que hacer aquí cerca” Y tienen su razón, de alguna manera. Pero sabes qué? Hay tanto por hacer en tantos sitios! Hay tanto que hacer en casa, hay tanto por hacer en Europa, hay tantísimas necesidad que cubrir en Sudamérica y en Asia… El mundo está, quizás desde siempre pero de manera más evidente en los últimos años, enfermo. Está enfermo de morirse, vamos! Siglo XXI, era tecnológica, era de mandarse wasap más que mirarse a la cara, era de enmascarar los miedos y los complejos con objetos caros y con marcas, era de mostrar en redes sociales lo felices que somos pero de criticar al que un día decide mostrar que no lo es… Y en un plano mayor, como en la etapa terminal de una enfermedad crónica, era de sucesos dolorosos en los que familias enteras deban abandonar sus casas por miedo a morir bajo los escombros que trae pegados una bomba; era de enfermedades contagiosas que se transforman en pandemia y de las que huimos como de la misma peste; era de países desgobernados porque ninguno consigue el caramelo del color y el sabor que le gusta; era de bloqueos económicos, de recortes en necesidades básicas; era de sinrazón. Sigo? mejor no; ya ha sido bastante triste verdad?
Entonces… por qué aquí Ana? porque sí. Porque tocó. Porque graisadios nunca sabes dónde vas a recalar en tu vida ni con quién ni durante cuanto tiempo, o eso al menos se ha convertido en mi latemotiv  desde hace mucho y después de más de un fuerte sopapo. 
África no necesita que yo o cualquiera que se me parezca venga aquí a ponerse medallas, a jugar al salvavidas ni a traer un sobre con dinero que se acabará más bien pronto y más bien invertido en algo realmente absurdo e innecesario. No. Africa hoy por hoy, cuando empieza a despertar del letargo del servilismo, quizás sí necesita que yo o alguien que se me parezca venga y se siente frente a un té aguachirre y le diga al que está enfrente lo que ve. Con el corazón, sin hipocresía pero sin crueldad. Y le diga que no tiene ningún sentido pedir por pedir porque la caridad por sí sola no ayuda en nada a que el mundo avance, sólo tapa agujeros. Quizás necesita también que le abran los ojos a la sociedad tan maravillosa que tienen en la que se contagia ilusión por los cuatro costados, en la que unas palabras y un choque de manos terminado en chasquido de dedos resuelve casi casi cualquier problema del día a día pero también debería decirle ese alguien, como si se tratara de un bebé que aprende a ser niño, que si pides debes tener la responsabilidad de cuidar lo que te dan y de mejorar tu entorno en la medida de lo posible con eso que te han dado. Que no se puede construir un pozo y dejarlo secar porque se estropeó una turbina -mas aún cuando tú sabes arreglar perfectamente la turbina-; que no puedes abanderar la puesta en marcha de unas placas solares que te permitan tener luz cuando haya el consabido corte que dura semanas pero tú dejas todas las luces de una casa enorme encendidas durante una noche entera porque, ese día, justo ese, sí hay energía recogida de las placas. Las mismas que olvidaste activar para que siguieran recogiendo energía al día siguiente y no pasar por un apagón de, ni siquiera, una noche. 
Hay que espabilar hermano! no puedes esperar que siempre venga alguien a traerte algo! Hay que sacudirse la tierra después de pasar largas charlas en medio del camino y dedicar un rato a cuidar lo que ya tienes. Que empieza a ser considerable. Y eso, pa ti que decidiste leerme hoy, eso también es Cooperación. Que yo cargue una carretilla de tierra más o una menos aquí importa nada porque estoy rodeada de titanes hechos de fibra pura (joder con la genética!) que son capaces de cargar diez veces lo que yo en un tercio del tiempo que yo invierto… También lo es, aunque suene a risa, el simple hecho de contagiar las ganas de trabajar, sí, también lo es. Dar clases de verano a un grupo de niños de por aquí, también. Poner vacunas y operar donde nadie más llega, cooperación en mayusculas! Enviar alimentos a zonas realmente paupérrimas, encabeza la lista! Pero todo, cada granito de arena, cada aliento de “ánimo tú puedes!” es tremendamente importante. A cambio ganas una perspectiva nueva de vida, una visión de ti mismo que sólo en estas circunstancias puedes llegar a conocer, ganas deshacerte de todo para valorarlo todo, todo y  a TODOS. 
Para terminar me quedo con una frase que me dijo uno de nuestros colegas de aquí la otra noche mientras charlábamos sobre esto mismo. Haciendo referencia a la genética de la que te hablé hace unas líneas le decía yo a él que vaya tela! que se llevaron todo lo mejor en el reparto de la fuerza, de la agilidad, del músculo sin trabajar a fuerza de gimnasio y su respuesta me hizo pensar una vez más “nosotros tenemos la genética y vosotros tenéis la suerte” me dijo… Y entonces lo pensé. Me senté. Y te lo conté. 

Quizás deberíamos  concienciarnos todos de una puñetera vez  más sobre el hecho de repartir un poquito de toda esa suerte que tenemos. Tú que crees?