Piensa por un momento en tus rutinas, me refiero a todo eso que es cotidiano y que no somos capaces de percibir porque forma parte de nuestro paisaje diario. Por ejemplo, el pan. Te apetece hacerte un bocata y sólo tienes que acercarte a la panadería que te pille más cerca y, probablemente, lo encontrarás hasta recién hecho y calentito. La prensa; si sigues siendo de los antiguos que, como yo, prefiere leer el periódico en papel que en digital o alguna revista para pasar el rato pues lo mismo, te acercas a un kiosco y más o menos encuentras lo que estabas buscando. Pero voy más allá; una papelera en la calle, un bar donde tomarte un café o una cañita bien fresquita; una tienda donde comprarte la ropa interior o una heladería o un kiosco de chuches. Igual no te habías dado cuenta de que todo eso lo tienes al ladito mismo de casa o del trabajo. Aquí nada de eso existe. NADA. No hay prensa escrita, no hay heladerías, no hay café en ningún lado (sólo puedes optar con suerte a comprar en algún mercado una lata de café soluble y mezclarlo con agua caliente), las cañas no existen (está claro que algo malo tenía que tener mi paraíso) y el pan lo compras un día en cantidades ingentes y lo reservas para los días de la semana que te dé (imagina lo correoso que está al tercer día… no, no lo imaginas!)
Imagina ahora que perteneces al club de los maniáticos del orden y la limpieza (sí, yo soy la presidenta de honor de ese club, lo sé) y que te agachas a recoger una pelusa que osa aparecer correteando por tu salón o que con un cachito de papel higiénico quitas las gotitas que algún desaprensivo dejó secas sobre el espejo del baño. Bien, sigamos…
Piensa en qué haces cuando de repente encuentras en algún rincón de casa una cucaracha o un mosquito o un bicho cualquiera? Llamar a los cazafantasmas es lo más light que se te ocurre seguro y corres a por el flis o a por la chola más grande que encuentres para quitarlo de en medio .
Cuando los que hacemos estas cosas extrañas de pasar temporadas en este lado del mundo, o en algún otro que se le parezca, siempre decimos que una de las cosas que aprendes primero es a valorar lo que tienes en el día a día es absolutamente cierto; pero quizás el paso siguiente lo das cuando te das cuenta de que eres perfectamente capaz de vivir el día a día sin echar de menos, siquiera, la mayoría de esas cosas.
La otra noche hablaba con mis chicos sobre eso; ellos que son la generación del móvil pegado a la palma de la mano 24 horas al día, después de un par de días aquí ni lo extrañan. Quizás echamos un poco de menos una ducha calentita y copiosa pero tampoco pasa nada porque nos duchemos a cubitos (sí, este año de nuevo volvemos a ducharnos con el cacito pequeño de la mantequilla) Pero es que cuando estás aquí las prioridades son otras y entonces te preocupas porque no se te rompa la mosquitera que cubre tu cama por la noche para no tener visitas “desagradables” y no dejas ni una raspa en el plato de la comida porque sabes que sólo harás tres comidas en ese día. Valoras los libros que cargaste en la maleta porque sabes que serán lo único que llene esos espacios que te quedan vacíos después de comer o antes de cenar y aprecias de una manera incalculable los ratos de charla cada noche o en la pausa del trabajo de la mañana con todos los que convives porque sabes que aquí son tu colchón, tu apoyo, tu familia…
La cama donde duermes es dura como la de un fakir y hace tanto ruido al moverte mientras encuentras la posición para dormir que temes despertar al de la habitación de al lado; el colchón es una lámina de gomaespuma amarilla de 15 centímetros de espesor pero te deja descansar por la noche del día plomizo y húmedo así que no lo cambiaría por ningún flexviscoelastic del mundo… Qué mentirosa soy! claro que lo cambiaría! pero no me supone ningún trauma dormir con el que tengo aquí.
El otro día estuve en el Hospital público de la ciudad. Me hice daño la semana pasada en la rodilla y ya el dolor era bastante inaguantable. Me hicieron una radiografía con un aparato de rayos modernísimo… y luego la imprimieron en un folio. Bueno, lo importante es que alcanzamos a ver que no había fractura, lo demás con analgésico y reposo está resuelto. La sala de Rayos tenía el suelo lleno de barro, la camilla en la que la doctora me retorció la pierna era de eskay y estaba llena de agujeros, al salir el guardia de seguridad me hizo un interrogatorio digno del CSI Las Vegas y tuve que pagar 8000 CFAS (unos 14 euros) por la consulta y la radiografía -y eso que es un hospital público- A mí los 14 euros, graisadios, no me suponen nada, pero es que en este país un médico cobra al mes unos 200.000 CFAS; eso son unos 350 €… un poco desorbitado el nivel de gasto contra lo que se cobra, no? y te he puesto el ejemplo del salario de un médico porque, junto al ejército, son los que tienen el salario más alto por aquí.
Mientras esperaba a que me atendiesen llegó una familia entera bastante alterada con un niño de unos 10 años al que cargaban en brazos y lloraba el pobre con toda el alma. La doctora salió corriendo a atenderlo en la habitación contigua y mientras lo hacían la familia esperaba fuera en el pasillo; miré a Corinne que me había acompañado y le comenté “ay pobres, qué les habrá pasado…” y me contesta “no sé, voy a preguntar!” Me quedé loca porque no se me hubiese ocurrido ir en la vida, nosotros en nuestro día a día somos más de hablar entre nosotros, suponer e incluso algunos inventar la historia que está ocurriendo a escasos metros, no? Nos gusta más el “cotilleo” del qué habrá pasado que ir a la fuente directamente y averiguarlo, quizás porque pueda parecer “de mala educación” Ayyyyy diosmiooooo nos parece de mala educación ir a preguntar pero no nos lo parece inventar y trastear por lo bajini…. Nuestra doble moral a veces me revienta las tripas (y cuando lo pienso desde aquí, fuera del ambiente “chismoso”, más fuerte me las revienta) Total, que Coco fue a preguntarle a la señora y la pobre le contó que una moto les había tirado al suelo; ellos iban también en mototaxi, iban 5!!! Pasó otra a gran velocidad, los desparramó a todos por el suelo y el niño mayor salió peor parado, una falange perdida y un corte enorme en una pierna.
En fin… todo esto sólo me deja ver una vez más que quizás nos compliquemos demasiado por cosas que no lo merecen; que quizás si fuésemos un poco más básicos para algunas cosas y los de este lado fuesen un poco menos básicos para otras encontraríamos la armonía perfecta. Y aunque sepa que esa nunca la voy a encontrar porque entonces la vida ya no tendría emoción alguna me gusta pensar que voy por el camino, que además tengo el enorme privilegio de poder vivir desde aquí algunas veces y encaminar las cosas que hago allí. En el día día a uno no le da tiempo a parar y valorar la rutina por eso para mí todo esto es tan impagable.
Yo, que soy “la Heidi”, que llevo todo el día un montón de perendengues encima, que no camino en plano ni muellllta, que jamás salgo de casa sin la raya del ojo y los morros pintarrajeados, yo… aquí ni me acuerdo de esas cosas; pero no porque aquí esté haciendo ningún papel, sino porque es, cómo decirte, aquí es el “valor absoluto”, lo que eres y punto. Y si algún día echo de menos mi feminidad y mi coquetería voy y después de ducharme con mi cacito de mantequilla y mi cubo y embadurnarme de repelente para mosquitos, me zumbo un collar y me pinto las bembas y ya está! Así de mona, con mis cholas de la playa y mis mallas del Decatlón, con mis pelos encrespados por la humedad como si no hubiera un mañana. Así mismo!
Se me agolpan tantas cosas que me gustaría contarte que estoy olvidando el orden y la prosa en todo lo que escribo; pero es que hoy me levanté con ganas de contarte, de llevarte hasta allí un poquito de lo que es aquí. Cuando llegué no tenía almohada y el cuello casi no se me parte en dos así que al día siguiente me fui al mercado… Dios! cómo me gustan los mercados africanos! No te imagines un mercadillo hippie como los de la alameda en Navidad ni como los de la playa de la Victoria en mi Cádiz querido. No. Los chicos querían comprar pulseras de recuerdo o collares. No. Aquí no. En Senegal sí que visité varios mercados de artesanía o de arte. Aquí nanai de la peluca! Olvídate! Aquí los mercados huelen a rancio. Pero no te hace asco. En absoluto. Huelen a una mezcla entre humedad y algo que ya está podrido, pero no quiere decir que lo vayas a comprar tenga que estarlo, es sólo que las papeleras y la salubridad en general brillan por su ausencia, así es que los restos orgánicos (no preguntes! restos orgánicos en general y punto!) se van acumulando en los alrededores, bajo las bancadas de madera que exhiben los productos y en cualquier rincón alrededor tuyo, así es que sí; huele a rancio. De repente encuentras puestos de verduras, sobre todo tomates, pimientos y papas; puestos de telas de colorines a cual más preciosa; puestos de medicamentos (vete a saber la fecha de caducidad…); y lo mejor lo dejo para el final (glups!) puestos de pescado o de carne - no hay cámaras frigorificas- así que llegados ese punto estás en el reino de los aromas! Nunca olvidaré uno de los paseos por la zona de la carne hace un par de años cuando, de repente, miro a la derecha y sobre un tablón de madera a modo de mesa exponían la cabeza de una vaca desollada, con una lengua enorme cayendo por un lado y los dos globos oculares perfectamente colocados en sus huequecitos… ufffff inolvidable recuerdo! Creo recordar que desde entonces tampoco como ternera. Por fuera del mercado está el puesto de colchones. Es una casetita en alto donde se exponen tongas de colchones de todo tipo, desde las planchas de goma espuma que son las más económicas (unos 10 euros) y son las que tenemos aquí en casa, hasta los colchones de muelles forrados de unas telas preciosas y súper coloridas que te daría pena hasta ponerles sábanas encima (esos pueden llegar a los 100 y pico euros, una barbaridad por este lado!) Además los apilan de tal manera que ya me va sonando dónde se inspiraron para el cuento de la princesa y el guisante!
De lo alto del techo cuelgan bolsas de plástico negras ya de la mezcla de tierra y porquería de motos y coches y dentro las almohadas. Más o menos como los colchones; desde 2 ó 3 euros hasta 50. Yo elegí una bastante modesta, 4 euros creo que me costó, eso sí con un forro gris con nombres de ciudades europeas y americanas… preciosa! y sobre todo más cómoda que dormir con el cuello al aire!
Otro dia, si quieres, te sigo contando más cositas cotidianas. hoy estamos en el ecuador de nuestra estancia aquí. El tiempo vuela muy muy rápido! La semana que viene tenemos dos proyectos por hacer que son… mmmmmm para chuparse los dedos! De esos que dices “ñossss! qué suerte tengo de estar viviendo esto!” Ya te contaré cuando llegue el momento. Ahora me voy a preparar un té y a echar unas palabritas con Corinne y Christine en la cocina mientras pelamos unas zanahorias, los niños se fueron con Maxi y con Yanicke a dar un paseo por un puente precioso que hay cerca de casa; mi dichosa rodilla me está obligando a hacer más reposo del que querría pero hoy he prometido ser buena y no moverme mucho para que mañana me dejen ir a la reserva de gorilas con ellos.
Está empezando a levantarse algo de fresquito y no sabes cuánto se agradece, aquí al lado se reúne un par de veces a la semana una coral que lleva una hora entonando cánticos en lenguas que no conozco pero que me llevan a un estado de paz y de confort que no sabría describirte bien; sólo se oye de vez en cuando, cuando paran entre canción y canción, el arrastrar de algunas cholillas dentro de la casa de algún rezagado que entra o sale en busca de vete tú a saber qué. Las plantas del jardín y los árboles gigantes que hay en frente se ven preciosos con la luz de esta hora del día aunque el cielo esté lleno de nubes grises que sólo amenazan pero que no sueltan ni una gota. Un par de gallos destartalados se animan a cantar siguiendo al coro y un grupo de chicos debe estar jugando algún partido de fútbol en el terreno que hay cerca de aquí porque acaban de gritar gol como se estila por aquí… como si ese gol abriera las puertas de algún paraíso para el que lo marcó. Me gusta la mezcla del sosiego y la intensidad de África. Soy feliz. Muy feliz…






