sábado, 9 de julio de 2016

M´bolani!!!!

M'bolani!!!

Significa "hola" en una de las cincuenta y pico lenguas que se hablan en este país y me pareció una forma preciosa de darte la bienvenida a mi rinconcito. Me suena a alegría a "ganas de verte" a "qué bueno que pasaste por aquí!" Así que, antes de que empieces a empaparte de mi tostón de hoy... M'BOLANI!!!!!

Este es el tercer año que vengo a este mismo lugar. Misma casa, misma familia, mismo entorno… casi nada ha cambiado. Me planteaba que no habría nada nuevo que contar y me dio rabia. Por un lado porque ya sabes cuánto me gusta contar cosas pero sobre todo porque por un momento pensé que quizás ya no tendría nada nuevo que aprender y eso, lo reconozco, me aterrorizó. Tonterías. 
A medida que han ido pasando los días (hace ya una semana que estamos por aquí) me he ido dando cuenta de que siempre siempre aprendes cosas nuevas y, si me apuras, de mayor calado. Creo que eso forma parte de la temida y a la vez ansiada “madurez” Suele pasar con todo pero yo no me había dado cuenta aún… 
Recuerdas cuando te enamoraste? Da igual de quién. La primera vez que le viste te gustó “algo”, no sabes bien qué fue, el aspecto, la mirada, la forma de hablar… No sabrías decir qué fue. Y pasó el tiempo. Seguía siendo la misma persona de siempre y cada vez le conocías más y mejor. Seguramente llegó un momento de vuestra vida en el que creíste conocerle tan bien que pocas cosas podrían sorprenderte ya. Y ahí es donde reside el encanto de estas cosas. Que quizás no necesites conocer nada más nuevo, o que te sorprenda o que te haga chiribitas los ojos. Quizás sólo necesitas estar o saber que está para sentirte feliz. En calma. Bien! ya está! Cambia la cara de bob@ y deja por un momento a esa persona. Vuelve aquí conmigo. Esa es justo la sensación a la que quería referirme al principio. 
Estoy aquí, conozco el sitio, conozco las voces y hasta casi ya la cadencia de las cholas de cada uno cuando las arrastra por el suelo de cemento. Casi puedo decirte la hora aproximada que es sólo por lo densa que se pone la atmósfera en determinados momentos del día o por el número de pájaros que cantan a la vez (nunca menos de diez mil lo menos!) Pero conocer todo eso no hace que me aburra o que sienta que aquí no pinto nada. Conocerlo, precisamente, me envuelve en la calma suficiente para relajarme, sentirme en casa y entonces dedicarme a “maquinar” más profundamente sobre otras cosas a las que no les había dedicado antes el tiempo suficiente. Porque una cosa es cierta, las cosas que piensas aquí sólo las puedes pensar aquí. Me explico. Cuando estoy allá recuerdo y rememoro sensaciones, imágenes, olores, personas, lugares e incluso pensamientos que he tenido aquí pero están a años luz de cómo nacieron en mí por primera vez. Es sólo un regusto. 
Total, que todo esto me lleva a pensar en un montón de cosas diferentes. Qué hago aquí? Para qué estoy aquí? De verdad es un gesto egoísta? Para calmar una necesidad mía? o realmente es un gesto altruista? Para calmar las necesidades de otros? Y en el fondo llego a la conclusión de que es un poco de todo. 
No sé cuántas veces en los últimos años me han dicho eso de “por qué tan lejos con todo lo que hay que hacer aquí cerca” Y tienen su razón, de alguna manera. Pero sabes qué? Hay tanto por hacer en tantos sitios! Hay tanto que hacer en casa, hay tanto por hacer en Europa, hay tantísimas necesidad que cubrir en Sudamérica y en Asia… El mundo está, quizás desde siempre pero de manera más evidente en los últimos años, enfermo. Está enfermo de morirse, vamos! Siglo XXI, era tecnológica, era de mandarse wasap más que mirarse a la cara, era de enmascarar los miedos y los complejos con objetos caros y con marcas, era de mostrar en redes sociales lo felices que somos pero de criticar al que un día decide mostrar que no lo es… Y en un plano mayor, como en la etapa terminal de una enfermedad crónica, era de sucesos dolorosos en los que familias enteras deban abandonar sus casas por miedo a morir bajo los escombros que trae pegados una bomba; era de enfermedades contagiosas que se transforman en pandemia y de las que huimos como de la misma peste; era de países desgobernados porque ninguno consigue el caramelo del color y el sabor que le gusta; era de bloqueos económicos, de recortes en necesidades básicas; era de sinrazón. Sigo? mejor no; ya ha sido bastante triste verdad?
Entonces… por qué aquí Ana? porque sí. Porque tocó. Porque graisadios nunca sabes dónde vas a recalar en tu vida ni con quién ni durante cuanto tiempo, o eso al menos se ha convertido en mi latemotiv  desde hace mucho y después de más de un fuerte sopapo. 
África no necesita que yo o cualquiera que se me parezca venga aquí a ponerse medallas, a jugar al salvavidas ni a traer un sobre con dinero que se acabará más bien pronto y más bien invertido en algo realmente absurdo e innecesario. No. Africa hoy por hoy, cuando empieza a despertar del letargo del servilismo, quizás sí necesita que yo o alguien que se me parezca venga y se siente frente a un té aguachirre y le diga al que está enfrente lo que ve. Con el corazón, sin hipocresía pero sin crueldad. Y le diga que no tiene ningún sentido pedir por pedir porque la caridad por sí sola no ayuda en nada a que el mundo avance, sólo tapa agujeros. Quizás necesita también que le abran los ojos a la sociedad tan maravillosa que tienen en la que se contagia ilusión por los cuatro costados, en la que unas palabras y un choque de manos terminado en chasquido de dedos resuelve casi casi cualquier problema del día a día pero también debería decirle ese alguien, como si se tratara de un bebé que aprende a ser niño, que si pides debes tener la responsabilidad de cuidar lo que te dan y de mejorar tu entorno en la medida de lo posible con eso que te han dado. Que no se puede construir un pozo y dejarlo secar porque se estropeó una turbina -mas aún cuando tú sabes arreglar perfectamente la turbina-; que no puedes abanderar la puesta en marcha de unas placas solares que te permitan tener luz cuando haya el consabido corte que dura semanas pero tú dejas todas las luces de una casa enorme encendidas durante una noche entera porque, ese día, justo ese, sí hay energía recogida de las placas. Las mismas que olvidaste activar para que siguieran recogiendo energía al día siguiente y no pasar por un apagón de, ni siquiera, una noche. 
Hay que espabilar hermano! no puedes esperar que siempre venga alguien a traerte algo! Hay que sacudirse la tierra después de pasar largas charlas en medio del camino y dedicar un rato a cuidar lo que ya tienes. Que empieza a ser considerable. Y eso, pa ti que decidiste leerme hoy, eso también es Cooperación. Que yo cargue una carretilla de tierra más o una menos aquí importa nada porque estoy rodeada de titanes hechos de fibra pura (joder con la genética!) que son capaces de cargar diez veces lo que yo en un tercio del tiempo que yo invierto… También lo es, aunque suene a risa, el simple hecho de contagiar las ganas de trabajar, sí, también lo es. Dar clases de verano a un grupo de niños de por aquí, también. Poner vacunas y operar donde nadie más llega, cooperación en mayusculas! Enviar alimentos a zonas realmente paupérrimas, encabeza la lista! Pero todo, cada granito de arena, cada aliento de “ánimo tú puedes!” es tremendamente importante. A cambio ganas una perspectiva nueva de vida, una visión de ti mismo que sólo en estas circunstancias puedes llegar a conocer, ganas deshacerte de todo para valorarlo todo, todo y  a TODOS. 
Para terminar me quedo con una frase que me dijo uno de nuestros colegas de aquí la otra noche mientras charlábamos sobre esto mismo. Haciendo referencia a la genética de la que te hablé hace unas líneas le decía yo a él que vaya tela! que se llevaron todo lo mejor en el reparto de la fuerza, de la agilidad, del músculo sin trabajar a fuerza de gimnasio y su respuesta me hizo pensar una vez más “nosotros tenemos la genética y vosotros tenéis la suerte” me dijo… Y entonces lo pensé. Me senté. Y te lo conté. 

Quizás deberíamos  concienciarnos todos de una puñetera vez  más sobre el hecho de repartir un poquito de toda esa suerte que tenemos. Tú que crees? 


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